Las evaluaciones deben estar íntimamente ligadas a los
procesos vivos. Los procesos se evalúan en las propias escuelas y no solamente los resultados, no solo los
conocimientos; se avalúa lo que el alumno sabe y lo que no sabe como condición
para definir las estrategias a seguir; en muchas de nuestras escuelas se
promueve la autoobservación y autoevaluación docente sobre la base de los
efectos observables como los no observables; la evaluación contextuada,
cuantitativa y cualitativa, no podrá jamás ser sustituida por la evaluación
neoliberal del CENEVAL, PISA o ENLACE, que mide las conductas verbales y la
memorización mecánica. Hay que partir de un proceso vivo de sistematización
hecha por todos. Por lo tanto, debemos
obligarnos a:
·
Transitar de lo cuantitativo a lo cualitativo.
·
Hacer énfasis en los en los procesos, atender
aspectos del aprendizaje y desarrollo humano del estudiante fundamentales, como
la capacidad para discriminar e interpretar la información, para generar
juicios críticos, para crear y transformar, para comprender la realidad que se
vive y la capacidad para atender los problemas de la vida real.
·
Enfocar los procesos de la práctica
educativa con el propósito de proporcionar la información requerida para la
formulación y reformulación racional de la acción didáctica. Partir de los
diagnósticos, de la autoobservación, con una metodología sensible a las
diferencias, a los acontecimientos imprevistos, al cambio y al progreso, a las
manifestaciones observables y a los significados latentes. Centrarse en los
procesos formulando instrumentos de seguimiento. Para sumergirse en el curso
real y vivo de los acontecimientos y conocer las interpretaciones diversas que
se hacen de los mismos aquéllos que las viven. Para resolver los problemas
detectados en todo el proceso.
·
Consolidar una actitud ética, que centra la atención en la acción
justa, ecuánime, equitativa para conocer, ayudar e incluir.
·
Avanzar a la
formación de una actitud integradora y explicativa que orienta hacia una
comprensión contextual, para ver a la evaluación en su totalidad, de apreciar
las interacciones, los procesos y la apropiación del conocimiento de los
alumnos.
Solo cuando se asegura el aprendizaje se puede
asegurar la evaluación; la buena evaluación que forma, convertida ella misma en
medio de aprendizaje y en expresión de saberes.
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